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Anastasia Nikoláyevna de Rusia

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InfanciaEditar

Anastasia en 1904

Anastasia Nikoláyevna nació el 5 de junio de 1901 en el palacio de Peterhof, Rusia, según el calendario juliano, vigente en ese país hasta 1918. Según el calendario gregoriano era el 18 de junio. Cuando Anastasia nació, sus padres y el resto de su familia se sintieron decepcionados por haber tenido una cuarta hija (tras Olga, Tatiana y María). Su padre, el zar Nicolás II, no fue inmediatamente a ver a su nueva hija, ya que decidió dar un largo paseo para asimilar el hecho de que no había tenido un heredero varón. La recién nacida recibiría el nombre de Anastasia, un nombre cristiano muy usado por los ortodoxos que significa «resurrección». Algunos estudios afirman que dicho nombre aludía a la liberación (desaparición de una situación de dependencia, limitación) concedida por su padre, el zar, a un grupo de estudiantes que habían provocado disturbios en San Petersburgo y Moscú el invierno anterior, en honor de su nacimiento. El título que ostentaba, siguiendo una traducción literal, sería el de Gran Princesa, aludiendo a que Anastasia, como Alteza Imperial, tenía mayor rango que las otras princesas europeas, que sólo eran Altezas Reales. Gran duquesa es la forma más ampliamente usada en español y otros idiomas a la hora de traducir el rango de las hijas de Nicolás II de Rusia.

Las hijas del zar fueron criadas de la manera más austera posible. Dormían en duros catres plegables sin almohadas, excepto cuando estaban enfermas. Tomaban duchas frías por la mañana y se esperaba de ellas que mantuvieran sus cuartos ordenados y limpios y se dedicaran a la costura para después vender las piezas en varios actos de caridad, siempre y cuando no estuvieran ocupadas en otras tareas. La mayoría de los habitantes de la casa, incluyendo a los criados, llamaban normalmente a la gran duquesa por su primer nombre y el patronímico, Anastasia Nikoláyevna, y no usaban el título de «Su Alteza Imperial». A menudo se la llamaba usando la versión francesa de su nombre, «Anastasie», o por los apodos rusos «Nastia», «Nastás», o «Násteñka». Otros apodos eran «Málenkaya», que significaba «la más joven», o «shvíbzik», la palabra rusa para «duende » o «diablillo», aunque algunas fuentes consideran que este no era su apodo, sino el nombre de una de sus mascotas.

Anastasia (la última a la derecha), de derecha a izquierda junto a María, Tatiana y Olga, 1906.

Haciendo honor a sus apodos, la joven Anastasia creció como una niña vivaz y llena de energía. Fue descrita como de corta estatura y algo rechoncha, con ojos azules, y de pelo rojizo tirando a rubio. Margaret Eagar, la institutriz de las cuatro grandes duquesas, comentó que la joven Anastasia era «la criatura más encantadora que había conocido». Muy a menudo descrita como una muchacha brillante y de gran talento, no sabía asimilar las restricciones de las horas de estudio, según sus tutores Pierre Gilliard y Sydney Gibbes. Gibbes, Gilliard y las damas de honor Lili Dehn y Anna Výrubova la describieron como una niña muy animada, traviesa y como una actriz de gran talento. Sus comentarios, ingeniosos y agudos, herían a menudo sensibilidades.

Existen muchos testimonios sobre el comportamiento de la joven Anastasia que bordeaba, ocasionalmente, lo inaceptable para las costumbres contemporáneas. Según Gleb Botkin, hijo del médico de la corte Yevgueny Botkin, asesinado junto a la familia imperial en Ekaterimburgo, Anastasia «era la gran responsable de la mayoría de travesuras y hechos punibles de la familia ya que en ese aspecto era un auténtico genio». Siempre intentaba engañar a los criados o bromear con sus tutores, como subirse a lo alto de un árbol y negarse a bajar, desvelando un comportamiento típicamente infantil. O golpear con una gran bola de nieve a su hermana Tatiana con la suficiente fuerza como para dejarla tendida en el suelo. Una prima lejana, la princesa Nina Gueórguiyevna, repetía que Anastasia «era tan horrible y repugnante como el mismo diablo» y que le gustaba engañar, golpear y arañar a sus compañeros de juegos; se sentía insultada por el hecho de que Nina era más alta que ella a pesar de ser más joven. Se preocupaba menos que sus hermanas por su aspecto y apariencia. Hallie Erminie Rives, una escritora estadounidense, esposa de un diplomático, explicaba como veía a una joven Anastasia, de solo diez años de edad, comiendo bombones de chocolate sin preocuparse en quitarse antes sus largos y blancos guantes de ópera, en la Casa de la Ópera de San Petersburgo.

Un general empuja un carrito con Anastasia, que hace muecas a la cámara, y su hermana María. Cortesía: Beinecke Library.

Anastasia y su hermana mayor, María, eran conocidas en la familia como «La pequeña pareja». Las dos muchachas compartieron habitación, a menudo llevaban variaciones del mismo vestido y pasaban la mayor parte del tiempo juntas. Las dos hermanas mayores, Olga y Tatiana, también compartían habitación y eran llamadas «La pareja mayor». Las cuatro hermanas solían firmar sus cartas con el acrónimo OTMA, resultado de las iniciales de sus nombres de pila.

A pesar de su vitalidad, Anastasia no gozaba de buena salud. Padecía el mal llamado hallux valgus (juanetes), que afectaba a los dos dedos gordos del pie. También tenía un músculo poco cargado en la espalda que le obligaba a recibir un masaje dos veces a la semana. Su resistencia a los masajes era tal que se escondía bajo armarios o camas para no recibirlos.

La gran duquesa Olga Aleksándrovna Románova, tía paterna de Anastasia, reveló en una entrevista tardía que la hermana mayor de Anastasia, María, sufrió una hemorragia en 1914 mientras era operada de amígdalas. La propia madre, la zarina Alejandra, tuvo que ordenar a un acobardado médico que continuara con la operación. Olga Aleksándrovna pensaba que las cuatro niñas sangraban más de lo normal y creía que eran portadoras del gen de la hemofilia, transmitido por su madre. Los portadores del gen estaban expuestos a los riesgos de sufrir una fuerte hemorragia. Anastasia, como el resto de su familia, adoraba y se preocupaba de su largamente esperado hermano el zarévich de Rusia Alexis, también llamado «Bebé», que sufría frecuentes ataques de hemofilia que estuvieron cerca de matarlo varias veces.

RasputínEditar

Artículo principal: Grigori Rasputín
Rasputín

La madre de Anastasia, la zarina Alejandra, confiaba ciegamente en los consejos de Grigori Rasputín, un campesino ruso y stárets ambulante, con fama de hombre santo, cuyos rezos supuestamente habían aliviado muchas veces los dolores del joven Alexis. Anastasia y sus hermanas fueron criadas para ver a Rasputín como «nuestro amigo» y «confidente». En el otoño de 1907, la tía de las niñas, la gran duquesa Olga Aleksándrovna Románova, fue conducida por el zar a la habitación de los niños para que conociera a Rasputín. La gran duquesa recordaba: «Anastasia, sus hermanas y su hermano Alexis llevaban largos camisones blancos. A todos parecía gustarles ese hombre, se les veía cómodos con su presencia». La complicidad de Rasputín con los niños se hacía patente en muchos de los mensajes que les enviaba. En febrero de 1909 les envió un telegrama donde les aconsejaba «Amar toda la inmensidad de Dios y de su Creación, en especial en esta tierra. La Madre de Dios siempre estaba ocupada cosiendo y recogiendo flores».

Sin embargo, una de las doncellas de las niñas, Sofía Ivánovna Tiútcheva, se horrorizó en 1910 sobre el hecho de que se le permitiera a Rasputín entrar en las habitaciones de las muchachas cuando sólo llevaban puesto un camisón. El zar Nicolás le pidió al monje que evitara entrar en esas habitaciones en el futuro. Los niños, conscientes de la situación, temieron que las palabras de Tiúcheva hicieran enfadar a su madre. «Tengo miedo de que S.I. (Sofía Ivánovna Tiútcheva) diga… cosas malas de nuestro amigo», escribió la hermana mayor de Anastasia, Tatiana, a su madre el 8 de marzo de 1910 (con doce años), y añadía: «Espero que nuestra doncella sea amable con nuestro amigo en el futuro». Poco después la zarina despedía a Tiútcheva.

Tiúcheva informó de lo que veía al resto de miembros de la familia imperial. Mientras que las visitas de Rasputín a las niñas eran consideradas por el monje como algo completamente inocente en la naturaleza, el resto de la familia estaba escandalizada. Tiútcheva le explicó a la hermana de Nicolás, la gran duquesa Xenia Aleksándrovna de Rusia, que Rasputín visitaba a las niñas, hablaba con ellas mientras se preparaban para ir a dormir y las abrazaba y acariciaba. Tiútcheva decía que las niñas habían sido instruidas para no hablar del monje en su presencia y para ocultar sus visitas a las habitaciones. El 15 de marzo de 1910 Xenia escribía que no podía entender «… la actitud de Álix (la zarina) y los niños hacia ese siniestro Grigori Rasputín al que consideraban casi como un santo, cuando no era más que un vulgar jlyst».

La zarina Alejandra y sus cuatro hijas, 1909.

En la primavera de 1910, María Ivánovna Vishniákova, una doncella real, denunció que Rasputín la había violado. Vishniákova dijo que la zarina se negó a creerle y que insistió en que «todo lo que Rasputín hace es santo». La gran duquesa Olga Aleksándrovna declaró que las acusaciones de Vishniákova fueron inmediatamente investigadas, sin embargo «sorprendieron a la joven en la cama con un cosaco de la Guardia Imperial». Impidieron a Vishniákova acercarse a Rasputín y en 1913 fue despedida.

Sin embargo, los rumores persistieron, hasta el punto que se decía que Rasputín no sólo había seducido a la zarina, sino también a las cuatro grandes duquesas. Estos rumores aumentaron considerablemente cuando el propio Rasputín divulgó las cartas que la zarina y sus hijas le enviaban. «Mi querido, hermoso, mi único amigo», escribía Anastasia. «Cuantas ganas tengo de verte otra vez. Hoy he soñado contigo. Siempre le pregunto a mamá cuándo vendrás… Pienso en ti siempre, cariño, porque eres tan bueno conmigo…». A estas revelaciones siguieron la circulación de unos dibujos pornográficos que representaban a Rasputín manteniendo relaciones sexuales con la zarina, sus cuatro hijas y Ana Výrubova. A raíz del escándalo, el zar, a pesar de la fuerte oposición de su esposa, ordenó a Rasputín que abandonara San Petersburgo por un tiempo, con lo que este se fue de peregrino a Palestina. A pesar de los rumores, la unión entre la familia imperial y el monje continuó hasta el asesinato de este el 17 de diciembre de 1916 (29 de diciembre según el calendario gregoriano). «Nuestro Amigo está muy satisfecho de nuestras niñas, dice que han pasado por duras pruebas para su edad y de que sus almas están muy desarrolladas», escribía Alejandra a su marido el zar Nicolás el 6 de diciembre de 1916.

En sus memorias, A. A. Mordvínov escribió que las cuatro grandes duquesas se quedaron «visiblemente trastornadas» por la muerte de Rasputín y que permanecieron sentadas «abrazadas las unas a las otras» en un sofá de uno de sus dormitorios durante toda la noche en la que recibieron la noticia. Mordvínov recordaba que las muchachas estaban de muy mal humor y que parecían intuir la agitación política que ya se estaba gestando en Rusia. Rasputín fue enterrado con un icono, firmado en su reverso por la zarina y sus cuatro hijas. Anastasia asistió a su entierro, el 21 de diciembre de 1916, y junto a su familia planearon edificar una iglesia sobre el emplazamiento de su tumba.

Primera Guerra Mundial y revoluciónEditar

Artículo principal: Revolución rusa de 1917
La gran duquesa María (izquierda) y la gran duquesa Anastasia junto a soldados heridos, 1915.

Durante la Primera Guerra Mundial, Anastasia, junto a su hermana María, solía visitar a los soldados heridos en un hospital privado situado en los terrenos de Tsárskoye Seló (la Villa de los Zares). Las dos adolescentes, demasiado jóvenes para pertenecer a la Cruz Roja como su madre y sus dos hermanas mayores, jugaban con los soldados para levantarles el ánimo. Felix Dassel, que estuvo allí hospitalizado, recordaba que la joven gran duquesa «reía como una ardilla» y que caminaba tan rápido «que siempre parecía a punto de tropezar».

En febrero de 1917 estalló la Revolución rusa, que obligó a Nicolás II a abdicar del trono. Anastasia y su familia fueron puestos bajo arresto domiciliario en el palacio de Alejandro, en Tsárskoye Seló, pero dada la cercanía de las fuerzas bolcheviques, Aleksandr Kérenski, del gobierno provisional, desplazó a la familia hasta Tobolsk, en Siberia. Una vez los bolcheviques se hicieron con el control de la mayor parte de Rusia, Anastasia y su familia fueron trasladados a la casa Ipátiev, en Ekaterimburgo.

El nerviosismo y la incertidumbre del cautiverio afectó más a Anastasia que al resto de su familia. «Adiós», le escribió a un amigo en el invierno de 1917: «No te olvides de nosotros». En Tobolsk Anastasia escribió una redacción para su tutor de inglés, repleto de faltas de ortografía, sobre Evelyn Hope, un poema de Richard Browning que habla de una chica joven: «Cuando ella murió, solo tenía 16 años», escribió Anastasia. «Había un hombre que la amaba sin haberla visto nunca, pero pese a ello la conocía bien. Y ella también había oído hablar de él. Él nunca pudo decirle que la amaba y ahora ella está muerta…».

De izquierda a derecha, la gran duquesa Olga Nikoláyevna, el zar Nicolás II, la gran duquesa Anastasia Nikoláyevna y la gran duquesa Tatiana Nikoláyevna en su cautiverio en Tobolsk en el invierno de 1917. Cortesía: Beinecke Library.

En Tobolsk, ella y sus hermanas escondieron joyas dentro de sus vestidos para evitar que se las robaran, pero los guardias registraron a Anastasia y a sus hermanas Olga y Tatiana en busca de esas joyas mientras iban a bordo del Rus, el buque a vapor que las transportaba a Ekaterimburgo, donde estaban sus padres y su hermana María, en mayo de 1918. Su tutor de inglés, Sydney Gibbes, recordaba haber oído a las grandes duquesas llorar y gritar asustadas y su propia impotencia al no poder ayudarlas. Pierre Gilliard hablaba de su último encuentro con los niños en Ekaterimburgo:

El marinero Nagorny, que se encargaba del pequeño Alexis, pasó ante mi ventana con el niño enfermo en brazos, detrás venían las grandes duquesas con maletas y algunos efectos personales. Traté de acercarme, pero el centinela me hizo retroceder bruscamente y me hizo alejarme del carruaje. Volví a la ventana. Tatiana Nikoláyevna apareció en último lugar, con su pequeño perro y arrastrando una pesada maleta marrón. Estaba lloviendo y pude ver como sus pies se hundían en el barro a cada paso que daba. Nagorny trató de ayudarla, pero uno de los comisarios se lo impidió…

Menos de dos meses después, el 14 de julio de 1918, sacerdotes de Ekaterimburgo prepararon un servicio especial para la familia en la que, según dijeron después, se arrodillaron durante el rezo a los muertos, cosa que no era su costumbre.

Sin embargo, en sus últimos meses de vida, Anastasia intentó llevar su cautiverio de la mejor forma posible. Junto a otros miembros de la casa organizaba juegos para deleitar a sus padres durante la primavera de 1918. Según Sidney Gibbes, las actuaciones de Anastasia «hacían estallar en carcajadas» al resto de la familia. En mayo de 1917, en una carta desde Tobolsk a su hermana María en Ekaterimburgo, describía un momento de felicidad a pesar de la tristeza, la soledad y la preocupación por su hermano enfermo: «¡Estuvimos columpiándonos, y no podíamos parar de reír, la caída era tan maravillosa! Se lo expliqué tantas veces a mis hermanas que llegaron a cansarse, pero lo podía haber explicado mil veces más…¡Qué bien lo pasamos! Sólo se podía gritar de alegría». En sus memorias, uno de los guardias de la Casa Ipátiev, Aleksandr Strekotin, recordaba a Anastasia como una muchacha «muy amigable y llena de alegría», mientras que otro guardia dijo que era «un diablillo encantador. Era traviesa y pocas veces se la veía cansada. Le gustaba hacer números cómicos con los perros, como si estuvieran en un circo». Sin embargo otro de los guardias llamaba a Anastasia «ofensiva y una terrorista» y se quejaba de que algunos de sus provocativos comentarios causaban tensión entre los soldados.

Para la mayoría de historiadores, Anastasia fue asesinada junto al resto de su familia la mañana del 17 de julio de 1918 por un pelotón de fusilamiento. La ejecución extrajudicial fue llevada a cabo por miembros de la policía secreta bolchevique al mando de Yákov Yurovski.

La ejecuciónEditar

Última foto conocida de Anastasia, mayo de 1918.

Tras la toma del poder por parte de los bolcheviques, Rusia entró vertiginosamente en una guerra civil. Las negociaciones para la liberación de la familia imperial entre los bolcheviques (cuyo brazo militar era el Ejército Rojo) y el resto de la familia, muchos de ellos importantes miembros de casas reales europeas, se suspendieron. El avance del Movimiento Blanco, cuyo brazo militar era conocido como Ejército Blanco o Guardia Blanca, sobre Ekaterimburgo dejaba al Ejército Rojo en una situación precaria. Los «rojos» sabían que Ekaterimburgo caería por la superioridad y la mejor preparación del Ejército Blanco. Cuando los «blancos» llegaron a la ciudad, la familia imperial simplemente había desaparecido. La teoría más aceptada fue que habían sido ejecutados. A esta conclusión llegó el investigador del Movimiento Blanco Nicolás Sokolov, basada en el descubrimiento de efectos personales de la familia imperial encontrados en un pozo situado en la mina Gánina Yama.

Yákov Mijáilovich Yurovski en 1918

El Informe Yurovski, un informe de los hechos remitido por Yurovski a sus superiores bolcheviques tras la ejecución, fue encontrado en 1989 y reproducido en el libro El último Zar de Edvard Radzinsky (1992). Según el informe, la noche de la ejecución la familia fue despertada y se solicitó que se vistieran. Cuando preguntaron la razón, se les informó que iban a ser trasladados a una nueva ubicación por su seguridad, por la proximidad del Ejército Blanco a Ekaterimburgo y la violencia que ello podría conllevar. Una vez vestidos, la familia y un reducido círculo de sirvientes y ayudantes (el doctor Serguéi Botkin, la doncella Ana Demídova, el cocinero Iván Jaritónov, el lacayo Alekséi Trupp y un perro) fueron llevados a uno de los sótanos de la casa, y se les pidió que esperaran con el pretexto de que iban a hacerles una foto antes de partir. A Alejandra y Alexis se les permitió sentarse en sillas, a petición de la zarina, con la condición de que estuvieran vigilados por guardias. Pasados los minutos, entraron en la habitación los ejecutores comandados por Yurovski. Sin preámbulos levantó el revólver y declaró al zar que el pueblo ruso lo había condenado a muerte. El zar alcanzó a balbucear: «¿qué?» y se giró hacia su familia en el momento en que Yurovski le disparó a quemarropa un tiro en la cabeza. Cuando el zar cae muerto, la zarina y su hija Olga tratan de hacer el signo de la cruz, pero son asesinadas con la primera ráfaga de los ejecutores, al recibir disparos en la cabeza. El resto de la familia imperial es asesinada con la siguiente ráfaga, a excepción de Ana Demídova, la criada de Alejandra. Demídova sobrevivió a la ráfaga inicial pero fue rápidamente rematada a bayonetazos contra una de las paredes del sótano, mientras intentaba protegerse con una almohada, repleta en su interior de joyas y piedras preciosas.

El Informe Yurovski añadía que una vez el humo de los disparos permitió ver el resultado de la ejecución con más claridad, se descubrió que algunas de las balas de los ejecutores se habían quedado incrustadas en los corsés de algunas de las grandes duquesas. Esto se debía a las joyas y piedras preciosas que las muchachas habían cosido dentro de sus ropas, para evitar que sus captores se las quitaran, involuntariamente les habían servido de armadura contra las balas. Yurovski escribió que Anastasia y María se acurrucaron contra una pared con las manos en la cabeza, antes de ser alcanzadas por los disparos. Sin embargo, otro guardia, Piotr Yermakov, le explicó a su mujer que Anastasia había sido rematada a bayonetazos. Cuando llevaron los cuerpos fuera, una o más de una de las chicas empezaron a llorar, y fueron rematadas con golpes en la cabeza, según escribió Yurovski.

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